1984. FRANKENWEENIE

“Cuando me dijeron que sí me quede alucinado”. Teniendo en mente la fría acogida que Hansel y Gretel tuvo por parte de los ejecutivos de Disney, no resultan extrañas las palabras de Burton, resumiendo su asombro ante el sí, pro parte de la compañía, para la realización de su nuevo proyecto: una especie de revisión, desde su particular priisma personal, de dos títulos clásicos en el cine de terror de todos los tiempos: El doctor Frankenstein (1931) y La novia de Frankenstein (1935) dirigidas ambas por el británico James Whale, para el ciclo de filmes de terror que la Universal llevó a cabo durante los años treinta.
La idea original del filme le vino a Burton a raíz de una serie de bocetos que el director había llevado a cabo en alguna de sus monótonas jornadas en Disney. Al mismo tiempo, y como casi siempre sucede en el caso de Burton, en la idea del filme había mucho de los sentimientos personales del director, sentimientos que tienen su origen en esa obsesiva pasión cinéfila que tanto marcó al joven Burton durante su infancia.
De esta forma, en la gestación de Frankenweenei, se muestran nuevamente los tres ejes fundamentales que vertebran la filmografía de Burton: la cinéfila, el sentimiento y la cultura popular.
Con una mezcla de terror gótico y los rasgos de la clase media suburbana, Burton planteaba la revisión de un tema clásico como es la creación artificial de vida, distanciándose de la mayoría de títulos precedentes que habían sobre el tema.

Tríada fundamental para entender las fantasías cinematográficas de Burton, estos tres elementos se constituyen al mismo tiempo, como los argumentos principales del director a la hora de contraargumentar, a los críticos cuando se refieren a su obra en términos de simples remakes o parodias de títulos anteriores.

Este plante un filme que huye por completo de postulados maniqueístas, consiguiéndolo mediante la inclusión del mismo Victor, que convierte el amor por su perro en un sentimiento que le llevará incluso a simular ser un Dios. Victor es la clave fundamental con la que se dota a la película de credibilidad, para que no se convierta únicamente en un acto de amor de un niño por su mascota.






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